Enrique
Seoane Ros nació en Lima el
12 de enero de 1915, hijo de don Buenaventura
Seoane García, destacado diplomático
y político en tiempos de Leguía,
y de doña Rosario Ros. Tercero de siete
hermanos, Enrique desde pequeño demostró
un gran interés por dibujo y el arte.
Inició sus estudios escolares en el
Colegio de la Inmaculada, de los padres jesuitas,
en la Av. La Colmena, en Lima. Por razones de
trabajo de su padre, tuvo la oportunidad de
viajar al interior del país: Ayacucho,
donde su padre asistió para la conmemoración
del Centenario de la Batalla de Ayacucho, y
Arequipa, donde su padre fue prefecto por casi
dos años. Concluyó sus estudios
escolares hacia fines de los años treinta.
Estos primeros quince años de Seoane
coinciden con una serie de intervenciones y
reformas urbanas en la ciudad de Lima, lo que
le permitió vivir la transformación
de la urbe. El colegio donde estudió,
por ejemplo, se ubicaba en una de las nuevas
arterias de la ciudad, pues la Av. La Colmena
no correspondía con ninguna calle del
trazado virreinal, sino que se abrió
cortando una serie de manzanas o islas.
En 1921 se inició la construcción
de la entonces denominada Av. Leguía
(hoy Av. Arequipa), la Av. Progreso (hoy Venezuela)
se concluyó en 1924, año en el
que se construyen las edificaciones alrededor
de la Plaza Dos de Mayo. Se desarrollan nuevas
urbanizaciones como Santa Beatriz en 1922 y
el Country Club. La presencia del automóvil
permitió un desarrollo nunca antes visto
en Lima, y plantea el reto de intervenciones
nuevas con un sistemas constructivos ajenos
a la tradición, nuevas edificaciones
y nuevas propuestas formales.
En lo relativo al lenguaje formal de estas
nuevas propuestas, el estilo oficial imperante
es el de la Arquitectura Académica liderado
a nivel internacional por la Academia de Bellas
Artes de París, cuyo ejemplo más
representativo en Lima es sin duda el Palacio
de Gobierno. Arquitectos formados en la propuesta
académica habían llegado a Lima
en las primeras décadas del siglo XX,
y sus obras comenzaban a apreciarse en Lima,
en algunos casos en los límites de la
ciudad, en otros en áreas más
consolidadas, pero siempre en una secuencia
y continuidad en la construcción de una
ciudad coherente.
Obras que debió apreciar Seoane en su
infancia y juventud, pues vivió parte
de este periodo de su vida en el centro de Lima
, fueron las de Ricardo de Jaxa Malachowski,
arquitecto polaco formado en París y
que, que diseñó el edificio Rímac
construido entre 1919 y 1924, las edificaciones
en torno a la Plaza Dos de Mayo, de 1924, el
Club Nacional en la por entonces nueva Plaza
San Martín, el Banco Italiano, de 1929,
además del palacio de Gobierno y el palacio
Arzobispal (entre 1919 y 1924), donde trabajó
conjuntamente con el francés Claudio
Sahut. También debió conocer el
joven Seoane las obras de Rafael Marquina, arquitecto
peruano que estudió en Cornell y cuya
formación académica se refleja
en los proyectos de la Estación del ferrocarril
de Desamparados, el Hospital Loayza, el Hotel
Bolívar y los portales de Zela y Pumacahua
de la moderna Plaza San Martín.
Por la misma época, sin embargo, y quizás
bajo la influencia de los movimientos mexicanos
de inicios de siglo, se da en el Perú
una reivindicación de los temas autóctonos
en el mundo de la pintura y escultura con la
corriente indigenista, de la que son importantes
representantes José Sabogal, Camino Brent,
Jorge Vinatea Reynoso y Julia Codesido. Esta
recuperación de lo indígena como
fuente de inspiración tienen su correlato
en las propuestas de una arquitectura "peruana"
que tendrá distintas versiones y en ello
distintas motivaciones, pero siempre basada
en lo local como fuente de referencia.
En 1920 llega a Lima el escultor español
Manuel Piqueras Cotolí, quien propone
una arquitectura con diseños donde se
conjuguen los motivos prehispánicos y
coloniales. La fachada de Escuela de Bellas
Artes, terminada en 1924, y el proyecto para
la basílica de Santa Rosa de Lima (con
el Arquitecto Héctor Velarde) son excelentes
manifestaciones de esta propuesta. De otra parte,
y con orígenes distintos, surge una arquitectura
que va a tener una mayor difusión y demanda,
y que es la que se basa en un eclecticismo historicista
de motivos virreinales.
Los habitantes de nuevos barrios de Lima como
San Isidro encargarán una serie de casas
con motivos evocadores de un glorioso pasado
colonial, mientras que en el centro histórico
numerosos edificios representativos optarán
por esta propuesta, inicialmente como una variante
en cuanto a motivos ornamentales y compositivos
de la arquitectura académica (es el caso
del Palacio Arzobispal o el Hotel Bolívar,
) para posteriormente adquirir un carácter
mas autónomo, como en el caso de las
propuestas del concurso para la remodelación
de la Plaza de Armas en 1939.
El neocolonial, en otra vertiente un tanto
menos académica y más pintoresquista,
se relacionaría en sus orígenes
con las influencias de la arquitectura californiana
basada en el denominado Misión Style
norteamericano, y tendría su primera
manifestación en la Casa Fari, de1911,
proyectada por Rafael Marquina cerca de Chosica.
En esta variante estaría una de las obras
paradigmáticas del nuevo distrito de
San Isidro, el Country Club. En todo caso, rápidamente
esta vertiente derivó en una apropiación
de los motivos virreinales para crear una arquitectura
que, como el neoperuano, ofrecería una
continuidad histórica con el pasado,
una alternativa local a los eclecticismos y
academicismos de índole netamente europea,
y una identidad local a la arquitectura del
siglo XX en el Perú.
Es en este ambiente de cambios, de gestación
de una arquitectura de raíces peruanas,
y con la posibilidad de conocer la riqueza de
otras ciudades como Ayacucho y Arequipa, en
el que crece y desenvuelve su infancia y primera
juventud Enrique Seoane Ros.
En 1934, ingresa a la Escuela Nacional de Ingenieros,
cuando era director el Ing. Enrique Laroza.
En 1938 concluye sus estudios en la especialidad
de Arquitectura donde se obtenía el título
de Arquitecto-Constructor.
Por entonces la formación de los estudiantes
de la especialidad en arquitectura (en 1937
solo 11 estudiantes de Arquitectura de un total
de 189 matriculados en la Escuela) se basaba
principalmente en el estudio de los órdenes
clásicos y de los estilos, incluyendo
algunos bastante distantes de nuestra tradición,
como el "tudor".
Asi lo describe el mismo Seoane cuando escribía
en El Arquitecto Peruano (revista creada el
año anterior por el Arquitecto Fernando
Belaúnde Terry) acerca de cómo
se enseñaba arquitectura en la Escuela.
Al respecto dice que se produce Dibujos de láminas
de la Arquitectura Clásica hasta comenzar
el segundo año, en el que siempre manteniéndose
dentro de esta arquitectura ya se les permite
trabajos de composición".
Eran por entonces docentes en la escuela los
arquitectos Rafael Marquina, Ricardo de Jaxa
Malachowsky y Héctor Velarde, y en artes
don Germán Suárez Vértiz,
quienes llevaban los cursos de la especialidad.
En 1938 se dio una mayor importancia al conocimiento
de la historia de la arquitectura local, y se
creó un curso de Arquitectura de la Colonia,
luego de una serie de visitas dirigidas por
don Rafael Marquina a diversas iglesias y conventos
virreinales. Seoane se distinguió siempre
como estudiante destacado por su destreza en
el dibujo, su conocimiento de los estilos, dominio
de la composición y habilidad para el
diseño.
En 1937 Seoane inicia sus practicas preprofesionales
en la oficina de Guillermo Payet, donde estará
hasta el año siguiente, cuando pasa a
trabajar con los arquitectos Álvarez
Calderón y Emilio Hart- Terre, quienes
compartían una oficina en la Plaza San
Martín. Con ellos participó en
los proyectos de diversas residencias y en los
concursos de los Hoteles de Turistas de Cusco
y Arequipa, ambos en estilo Neocolonial que
tan bien dominaban los socios de la oficina
y en el que Seoane supo también trabajar
con destreza y comodidad.
En julio de 1939, a medio año de haber
egresado de la Escuela Nacional de Ingenieros,
y con 24 años de edad, Seoane ingresó
a trabajar a al firma GRAMONVEL, donde permanecería
por cerca de cinco años hasta marzo de
1944.
Si bien las corrientes estilísticas
que buscaban una arquitectura de inspiración
local habían comenzado a desarrollarse
con entusiasmo en los años veinte luego
de algunas propuestas iniciales anteriores,
en los años treinta aparecen en Lima
otras proposiciones formales tomadas del contexto
internacional. Es el caso del Art Deco, cuyos
pioneros en Lima fueron Augusto Guzmán
con los edificios Aurich y Aldabas, en pleno
centro de Lima, y los hermanos Haaker Fort,
con un conjunto de viviendas en Santa Beatriz.
En ambos casos se propone volúmenes
de claridad geométrica con acentos decorativos
predominantemente de temas geométricos
y líneas rectas; no se recurre al lenguaje
clásico de columnas y entablamentos,
arcos y frontones y mucho menos al ampuloso
sistema decorativo barroco que caracterizó
la ornamentación arquitectónica
de nuestras ciudades. El resultado son construcciones
que, si bien cuentan con su propio sistema decorativo,
aparecen como volúmenes de clara definición
geométrica con acentos decorativos más
bien focalizados, pero siempre volúmenes
desprovistos de la tradición ornamental
clásica académica.
En ese sentido, el Art Deco, geométrico
en su composición volumétrica,
lineal en sus formas y alejado del repertorio
clásico de la arquitectura (además
de ser una alternativa formal más para
las nuevas tipologías arquitectónicas
que aparecen a fines de los años 20 como
son los edificios de departamentos, oficinas,
y viviendas en nuevas urbanizaciones) puede
ser relacionarlo con la arquitectura racionalista
-de la que es opuesta en cuanto al tema de la
presencia de ornamentación- que se da
en ese momento en Europa. Una propuesta, sin
embargo, que podría considerarse próxima
al Art Deco como al racionalismo es la que,
con preferencia por las formas más bien
curvas, su búsqueda de la funcionalidad,
y un lenguaje formal muchas veces tomado directamente
de la arquitectura naval (acaso una interpretación
literal y directa de la admiración que
Le Corbusier manifiesta por los modernos paquebotes)
de ventanas redondas, carpintería metálica
y barandas de tubos, se denominará en
el Perú "estilo buque".
Ejemplos de esta arquitectura racionalista
o "estilo buque", considerada por
muchos precursora de la arquitectura moderna
en el Perú, son las numerosas casas y
quintas diseñadas por Augusto Guzmán
en 1934 y 1938 fuera del centro de Lima, asi
como el mercado de Miraflores, los barrios obreros
de La Victoria y del Rímac, proyectados
por Alfredo Dammert entre 1936 y 1937, de clara
influencia racionalista alemana, el edificio
Raffo de Guillermo Payet en la Av. La Colmena,
de 1938, y algunas obras de Héctor Velarde
-profesor de Seoane- como la Casa Ulloa en La
Punta (1936) y los baños de Miraflores
de 1937.
Todas estas obras, como aquellas del Neocolonial,
habrían de influir en la creación
de un imaginario formal para el joven arquitecto
Seoane. Se debe mencionar que una serie de otras
propuestas estilísticas se van dando
igualmente en la ciudad. Algunas matizan propuestas
diversas, como aquellas que recurriendo a cánones
clásicos de composición (volúmenes
simétricos, gran portada central con
columnas y escalinata, composición de
basamento cuerpo y coronamiento, etc.) prescinden
totalmente del lenguaje clásico de la
arquitectura (columnas, entablamentos, arcos)
para optar por uno más bien geométrico
y "racionalista" como en el Instituto
del Cáncer, de Guillermo Payet (1938),
el edificio Reiser y Curioni de Héctor
Velarde (1943) o la Escuela de Ingenieros de
Roberto Haaker (1945). Otras propuestas, en
cambio, se mantienen totalmente alejadas de
estas disquisiciones para optar por "estilos"
definidos, como el tudor en viviendas unifamiliares.
Esta referencia a las posibilidades que se
presentan en la arquitectura de la segunda mitad
de los años treinta en Lima muestra el
contexto en la cual se forma Seoane, un medio
creativo que influye innegablemente en su propuesta.
Si bien Seoane habría de demostrar ser
un destacado arquitecto del neocolonial, sistema
que dominará y en el que se desenvolverá
cómodamente en los años cuarenta
antes de pasar a propuestas más modernas
igualmente destacables, llama la atención
ver que dos primeros sus primeros proyectos
profesionales, un hotel en La Punta (1940) y
la Fábrica Nestlé (1941) están
dentro de la corriente estilística geométrica
y funcional apartada de toda alusión
al lenguaje clásico de la arquitectura,
lo que demuestra su versatilidad en el dominio
de diversos lenguajes arquitectónicos.
De otra parte, las propuestas que recurren a
inspiraciones diversas y aún aparentemente
contrapuestas, como las de composición
académica desprovistas de ornamentación
clásica serán ejemplos que, podría
considerarse, permitirían a Seoane pensar
en una arquitectura que asume valores de diversas
fuentes para crear una propuesta nueva, una
arquitectura que es a la vez contemporánea
y de raíces locales.
El proyecto para el Hotel de la Punta, de 1940,
es un conjunto que prescinde de todo ornamento
académico, si bien recurre a ciertos
elementos compositivos clásicos como
la simetría, la composición con
una base, un cuerpo y un coronamiento; y utiliza
arcos de ingreso, ritmos de elementos verticales
que permiten evocar los de columnas clásicas,
y una amplia cornisa. El edificio de la Fábrica
Nestlé en Chiclayo, de 1941, por el contrario,
deja toda evocación compositiva clásica
para conformar un conjunto más moderno
y abstracto: con un orden de volúmenes
asimétrico y equilibrado, vanos de diversas
dimensiones sin molduras, amplio volado y claridad
de la estructura. En ambos casos se muestra
un innegable dominio en el manejo de la forma,
pero no será ese el camino que seguirá
en sus inicios el novel arquitecto.
En el proyecto para el concurso de una casa
de estudiantes en Chiclayo, Seoane propone una
composición clásica, simétrica,
de volúmenes definidos y ornamentaciones
de inspiración en la tradición
local que se reflejan en la singular composición
de la portada, y en detalles como las ventanas
.
Ya en este momento se puede reconocer que para
Seoane los motivos coloniales o prehispánicos
no serán elementos a ser directamente
copiados y aplicados en modernas edificaciones,
no constituyen una suerte de muestrario del
que tomar elementos, sacarlos de su contexto
y aplicarlos directamente en obras nuevas, sino
que son elementos de un lenguaje específico
que pueden ser hábilmente recreados en
clave contemporánea, generando una propuesta
novedosa, decidida y original a partir de la
propia tradición.
Asimismo, Seoane desde sus inicios, no circunscribe
sus motivos de inspiración a una determinada
época o estilo con motivaciones ideológicas,
reivindicativas o románticas, sino que
se nutre de la amplia riqueza de formas del
legado arquitectónico en el Perú
para encontrar los elementos que permitan expresar
una nueva propuesta creadora, una arquitectura
con identidad formal local más allá
de toda intención doctrinaria. Es el
caso de la portada para este concurso, una composición
de inspiración colonial con novedosas
proporciones y donde incorpora en el entablamento
elementos rectilíneos muy sutiles que
permiten evocar una influencia del lenguaje
prehispánico.
Es de este periodo la casa-hacienda Huando,
en Huaral, al norte de Lima, iniciada en 1939
y ampliada por el mismo Seoane sucesivamente
hasta 1943. Es uno de los casos más interesantes
de estilo neocolonial que incluye una propuesta
integral de del conjunto y cada uno de los volúmenes
que la conforman: la vivienda propiamente dicha,
la zona administrativa, la iglesia, los servicios
y las caballerizas.
Si bien el estilo neocolonial resultaría
ideal para una Casa-Hacienda, Seoane lo supo
aplicar con magistral dominio también
en otro tipo de edificaciones y contextos como
el centro histórico de la ciudad; es
el caso del edificio Rizo-Patrón (1939-1940)
con una tendencia neocolonial academicista en
la esquina de las avenidas Garcilazo de la Vega
(Wilson) y Nicolás de Piérola
(La Colmena), o el anteproyecto para el Cine
Colonial, de 1940-41. De este periodo inicial
son también una serie de casas unifamiliares
individuales o en quinta en algunos distritos
nuevos de la ciudad, principalmente en San Isidro,
como el conjunto de las casas Wiese (1940-1941),
las seis casas Berckemeyer (1941), las casas
Montero (1941-1943) o las cuatro casas Berckemeyer
(1941-1943).
Una obra que, sin embargo, le dará amplio
reconocimiento será la nueva iglesia
de Ancón, también en estilo neocolonial,
de 1944. A inicios de ese año, el 28
de enero, Seoane, que no había sustentado
aún su tesis, obtuvo el titulo de Arquitecto
presentando ante la Escuela Nacional de Ingenieros
un expediente especial con varios de los proyectos
realizados en GRAMONVEL.
A los pocos meses de su graduación,
en marzo de 1944, el joven arquitecto iniciaba
su actividad como profesional independiente.
Desde entonces, continuará realizando
una obra que habrá de pasar por diversas
etapas, inicialmente con gran éxito en
la propuesta neocolonial para pasar a propuestas
más contemporáneas y actuales
sin descuidar el valor de la tradición
y la pertinencia del lugar.
La Casa Luza, (1945) en el parque Hernán
Velarde es un caso paradigmático de recreación
de elementos coloniales para lograr un conjunto
armónico y contemporáneo. La simplicidad
de las formas y la composición asimétrica
de los volúmenes -que recuerda en algunos
momentos los conjuntos prehispánicos-
resaltan ante la presencia de elementos ornamentales
como las portada o la amplia ventana de reja.
El local para la Sociedad de Arquitectos (1945)
en la Av. Tacna, en cambio, es una propuesta
un tanto diversa y que marcará un derrotero
en la producción sucesiva de Seoane.
En efecto, allí se ve una fachada desprovista
de toda ornamentación (salvo la portada
de ingreso) donde la claridad y rotundidad del
volumen, y la amplia y limpia ventana rectangular
contrastan con las monumental portada de inspiración
colonial y tímpano trapezoidal de innegable
evocación precolombina. Aquí el
lenguaje prehispánico y colonial se funden
en una portada enmarcada en un edifico de meridiana
y moderna claridad. Esta relación entre
modernidad y tradición local sería
una vertiente importantísima en el camino
que Seoane habría de seguir.
Edificios en esta línea son el Tacna-Nazrenas
(1945-46) en la esquina de la Av. Tacna y el
Jr. Huancavelica, donde a una composición
a plomo de la calle (con una curva cóncava
en la esquina) de base, cuerpo y remate, incorpora
el uso de los arcos a nivel del peatón,
ventanas corridas en el cuerpo, y una decoración
de relieves de inspiración prehispánica
-pero de una contemporaneidad geométrica
innegable- en el remate. De propuesta similar
son el edificio Wilson (1945-1946) en la esquina
de la Av. Gracilazo de la Vega y Rufino Torrico,
con un coronamiento de pelícanos estilizados
y tema marino de la cultura Chimú.
Desde entonces Seoane realizará una
serie de proyectos que, respondiendo a un planteamiento
más moderno de la arquitectura, no renuncian
a aquellos elementos propios de una identidad
peruana, como en el caso del edificio La Fénix
(1945-1948), en la Plaza de la Salud en Lima,
donde a lo detalles ornamentales geométricos
de inspiración prehispánica se
suman elementos como las barandas de los pasamanos
basados también en temas precolombinos;
el edificio La Nacional (1947-1948) en la esquina
de las Avs. Emancipación y Camaná,
con sus singulares portadas de inspiración
colonial y ornamentación geométrica
prehispánica, para llegar al Ministerio
de Educación, obra emblemática
(1951-1956) y punto culminante de esta línea
de su producción arquitectónica.
La versatilidad en su manejo de lenguajes arquitectónicos
y composiciones, permitió a Seoane desarrollar
también una arquitectura de carácter
más internacional sin referencias específicas
a la cultura peruana y cuyo sentido de lugar
viene dado no por sus referencias historicistas
o culturales, sino por la manera cómo
el objeto arquitectónico se ubica- en
algunos casos podríamos decir se inserta,
"se engasta"- en el lugar, y que se
da a partir de los años 50.
Primera de estas obras es sin duda el Edificio
Ostolaza, en la esquina de la Av. Tacna y Huancavelica.
A diferencia del edificio Tacna-Nazarenas, cinco
años anterior, que se ubica en la esquina
opuesta, que consiste prácticamente en
un volumen a plomo de la calle y que se relaciona
con la esquina por una leve concavidad, el edificio
Ostolaza es una composición de volúmenes
que enfrenta el problema de la esquina a partir
de dos volúmenes diferenciados, uno con
frente a cada vía, y resuelve el tema
de la escala peatonal creando un volumen de
dos pisos, predominantemente horizontal sobre
el que se levantan los bloques. Interiormente
los espacios son de una riqueza inusitada, algunos
de ellos de generosas alturas e integraciones
espaciales. El lenguaje formal de amplios ventanales
está más bien relacionado con
las propuestas de la modernidad mientras que
la trama reticular a modo de celosías
en las fachadas remite, según algunos
críticos, a influencias brasileñas.
Este esquema de composiciones asimétricas
de volúmenes prismáticos, visualmente
suspendidos y que cuentan con una base a escala
peatonal sobre la calle, generalmente a plomo
del recorrido peatonal, son una constante en
una serie de proyectos, principalmente de carácter
institucional, para bancos y otras entidades.
Es el caso de lo proyectos iniciales para el
Ministerio de Educación (distintos a
la actual propuesta simétrica y curva),
el Hospital de la FAP (1951), el proyecto para
el Banco Wiese (1957-1965) , los anteproyectos
para el Banco de Lima (1955), el Banco Continental
(1953), el Banco Comercial en el Jr. Lampa (1962-1963),
algunos de los cuales incorporaron el muro cortina.
Edificios de un solo volumen prismático
suspendido sobre una base de dos niveles a plomo
de la calle y que reflejaban una imagen de modernidad
por el uso justamente del muro cortina son el
edifico de Seguros El Sol (1956-1958) en la
esquina de la Av. La Colmena y Jr. Camaná,
el edificio NYCI (1956) en el Paseo de la República,
la propuesta para el edifico Atlas en la esquina
de los jirones Huancavelica y Cailloma (1954)
y el proyecto para el edificio en las calles
Cailloma, Camaná y Ocoña - CCO
(1961), entre otros.
Pero la destreza de Seoane supera los límites
de una correcta interpretación de fórmulas
establecidas en la concepción de formas
y espacios. Más allá del aspecto
cosmopolita y tecnológico que los edificios
de muros cortina podrían brindar, Seoane
desarrolló algunos edificios de viviendas
logrando una arquitectura en altura doméstica
y pertinente, y que se ubican en la ciudad con
innegable sentido de lugar. Son los edificios
Diagonal en Miraflores (de planta triangular
como corresponde al terreno disponible) y al
edificio Residencial Limatambo, en plena esquina
entre la Av. Javier Prado y Paseo de la Republica.
A más de medio siglo de su ideación,
los edificios no han sido alterados por sus
propietarios (expresión en buena medida
de la buena arquitectura) y siguen tan vigentes
como en un inicio. Proyectados en 1952 y 1953,
son volúmenes que rematan a los extremos
en ligeros volados con grandes paredes de vidrio
y que, a diferencia del muro cortina, cuentan
con un lenguaje totalmente doméstico
de carpinterías metálicas y proporciones
hogareñas, conformando volúmenes
de gran solidez y ligereza a la vez.
La enorme producción de Seoane abarcará
en estos años tipologías muy variadas
como residencias, colegios (son proyectos suyos
los colegios León Pinelo y Santa María
), edificaciones religiosas, entre otras, todas
de singular carácter y aporte al desarrollo
de la arquitectura nacional.
A mediados de los sesenta Seoane desarrollará
una nueva propuesta formal en sus edificaciones,
mucho más expresivas en el manejo de
los volúmenes, la formas y los materiales.
Es el caso de edificios como el de la Cámara
de Comercio de Lima (1966-1969), el Hotel Cesar's
en Miraflores (1971-1974), o el edificio de
la Compañía Peruana de Vapores
en La Punta (1973), realizado en sociedad con
Ricardo Malachowski Benavides. Muy relacionados
con estas propuestas formales son los proyectos
realizados en Panamá, donde Seoane trabajó
entre 1973 y 1975. Entre sus obras panameñas
de encuentran, los edificios Carfa, Solymar,
Torres Mariana, y el proyecto para el Hotel
Sheraton.
Seoane no fue sólo un excelente arquitecto,
sino también un profesional comprometido
con la carrera y un destacado maestro. Fue miembro
de instituciones culturales y gremiales como
la Sociedad de Ingenieros, el Consejo Nacional
de Urbanismo, el Instituto de Urbanismo y Planificación
del Perú, en los que ocupó cargos
directivos; asimismo fue jurado en diversos
concursos de arquitectura, en algunos de los
cuales fue designado presidente del jurado.
Maestro dedicado, dictó cátedra
en la Facultad de Arquitectura de la UNI y en
la Facultad de Arquitectura de la Universidad
Federico Villarrreal. En diversas oportunidades
Seoane fue premiado por su labor arquitectónica.
Pocos arquitectos en el Perú han tenido
una producción tan nutrida en cantidad
y calidad como Enrique Seoane Ros. Su obra es
no sólo el reflejo del espíritu
de una época, sino una clara disciplina
en el trabajo y el desarrollo de un talento
innato que ha sabido ser cultivado, es la expresión
de la pasión por el trabajo bien hecho,
de la posibilidad de contribuir al mejoramiento
del habitat mediante la arquitectura, no sólo
con soluciones prácticas y utilitarias,
sino a partir de la reflexión arquitectónica.
Una reflexión que, expresada en las
formas de construcciones y espacios donde transcurre
nuestro cotidiano vivir, nos invitan a pensar
en la pertinencia de nuestras obras, en nuestra
identidad, en nuestra relación con el
mundo y el tiempo, y los valores que propone,
una arquitectura pertinente al lugar que evoca
nuestras raíces locales sin renunciar
por ello a un anhelo de universalidad, una obra
que nos invita a pensar en quiénes somos,
de donde venimos, y a donde vamos.
Enrique Seoane Ros falleció en Lima
el 26 de julio de 1980, a los 65 años
de edad.
Luis Villacorta S.
Arquitecto
Bibliografía:
Bentín Diez Canseco,
José, Enrique Seoane Ros, Una búsqueda
de Raíces Peruanas, Lima 1989.
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